sábado, 29 de marzo de 2008

DE LABERINTOS, ESCALERAS Y PUENTES

Durante su infancia se encargó de de construir paredes
alrededor de él. Fue su soledad que lo transformó en un niño creativo, sus juegos tuvieron una magia especial, haciendo de cada objeto lúdico un ladrillo, con el cual pudo darle vida a sus paredes distribuidas en una forma caóticamente divertida, así que el recorrido laberíntico de su infancia casi siempre fue placentero…

El inexorable paso del tiempo dio cabida al púber, que no deja de tener algo de niño, ahora también quiere jugar y encuentra la forma de hacer escaleras. Muchas, largas y cortas, anchas y angostas, frías y cálidas. Su juego lidia con los límites, experimenta entonces escaleras a los cielos exquisitos de placeres, goza y danza con los sentidos a
flor de piel. No le es suficiente y desciende, tanto que baja a los hondos infiernos: la peste, retoza en la tristeza y melancolía, llegando al dolor.

Tétrico vagabundo, pasea entre flores secas y cielos oscuros, disfruta esta pesadilla que lo atrapó. La adicción del dolor no le permite pensar, solo reacciona al entorno que creó.

La espiral, en la que está, tiene intersticios, por lo cuales asoman tímidos escalones y se entre cruzan con otros, él, de forma espontánea y casi sin darse cuenta sube, llega a una meseta, cansado, agotado, fatigado, exhausto, casi desahuciado esta en la superficie, boca abajo solo ve el reflejo del sol en el suelo, le molesta la brillantez de los colores, ahora puede pensar, entonces recuerda, se da cuenta
que ha pasado mucho tiempo, observa sus manos ya es un hombre, se ha hecho fuerte y no solo lo sabe, sino que lo entiende, eso hace fortalecer su ambición psíquica y espiritual.

La meditación y esta nueva etapa de reflexión continua tiene respuesta material, él necesita puentes que lo lleven a la niñez, a su patio de juegos, pero también quiere transitar por los espacios oscuros de
vez en vez, necesita ese espacio para entender el significado de alegría y los intervalos de felicidad y disfrutar de los placeres.

Durante la construcción de estos puentes alguna vez se quedo
atrapado en diferentes espacios temporales unas veces por placer otras veces para huir.


Vigía de su castillo y desde la atalaya puede observar a las
mujeres curiosas alrededor, muchas se desconciertan por ver una construcción intrincada, otras se animaron a usar la entrada como patio de juegos, las demás no aprecian al príncipe y su excéntrico castillo.
Me pregunto si ¿Alguna vez bajarás?



 
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