Ya entrada la tarde, después de caminar bajo el sol incandescente del desierto Blanco en Egipto, decidimos tomar un descanso, la temperatura empezó a descender, pronto nos cobijamos en unas urnas de piedra construidas por los lugareños. Yo quise despojarme de las ropas que llevaba, tenía muchas ganas de estar desnuda tendida sobre la arena y ver el fabuloso cielo estrellado. Pero mientras el sueño consumía mis ganas, yo quede dormida.
Estas vacaciones las he disfrutado mucho, quizás sea porque los días en cautiverio fueron muy duros, quizás sea por la compañía, o quizás sea el lugar, lo cierto es que a partir de mi regreso la magia habrá desaparecido y lo único que me quedarán son recuerdos de arena, desvaneciéndose entre mis manos. Sin embargo, estoy tan ansiosa de regresar… porque sé que me volveré a ir, y esta vez no será Egipto el lugar elegido, sino más bien algún país cercano al Polo, donde pueda sumergirme en aguas termales mientras el gélido paisaje me recuerde que volveré a Buenos Aires.
miércoles, 21 de enero de 2009
DESNUDA
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